Húyele.
No es perfecta, ha cometido errores y aún sigue en el camino
de la vida.
Pero le tienes miedo.
Miedo a su ternura infantil, con toques de engreimiento que
pide mimos y apapachos.
Miedo a sus abrazos de corazón que pueden devolverte sangre
pura en cada latido.
Miedo a enamorarte de su alma inocente y risueña.
Miedo a sentirte feliz y cómodo en (con) ella y no querer
irte jamás...
Copyright © Reymi Vereau

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