Dicen que el amor muchas veces te lleva a la agonía de tu mente... y es cierto...
Una tarde de invierno cuando esos copos de algodón cubrían el firmamento, y el calor se aparentaba como una fantasma, tuve el agrado de presenciar y admirar dos perlas tan hermosas y radiantes que los astros tenían recelo de relucir frente a ellos, y esos pétalos de rosa tan rojos como la sangre que fluye sobre este corazón enamorado; que con su tierno jubilo es capaz de aclarecer a las almas tan oscuras como la profundidad del océano…
Y ahí me encuentro con la angustia en mi alma, y hace que la razón sea un sin sentido que la coherencia tome forma de caos, que las palabras pierdan su encanto y que se balbucea como las onomatopeyas del desconcierto
¿Y me pregunto por qué?
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(Kevin Paredes)
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